White Collar Crime Lawyers – Esteban Abogados Penalistas

Supreme Court. Criminal Chamber.

Sentence 687/2022

«Debe recordarse que el contrato de descuento básicamente consiste en que el Banco descontante, previa deducción del interés correspondiente, anticipa a un cliente el importe de un crédito no vencido que el descontatario ostenta contra un tercero. De esta forma el cliente obtiene anticipadamente el importe de su crédito con el descuento de la comisión bancaria correspondiente, y lo hace previa cesión del instrumento cambiario a favor del Banco, el cual procederá a su efectividad por el mecanismo de cobro correspondiente y si ello no aconteciera (el descuento es un abono provisional que se realiza bajo la cláusula salvo buen fin) podrá repetir efectivamente el importe a su cliente

Ante esa realidad negocial, es evidente que la tergiversación de la realidad a fin de convencer a una entidad financiera de que se cuenta con una solvencia de la que se carece, con la pretensión de obtener así una línea a descuento que permita obtener el anticipo de títulos que no reflejan créditos reales del descontatario y que se sabe que resultarán fallidos, conociéndose que el importe del descuento no será retornado, es claramente constitutivo de un delito de estafa. No obstante, cuando ese engaño no ha precedido a la celebración del contrato de descuento, de manera que el descontatario ha obtenido la línea de financiación de manera legítima y por su propia credibilidad, no significa que no pueda apreciarse un ánimo captatorio precedente a la disposición patrimonial.

Es costumbre en el tráfico mercantil y bancario emplear esos documentos de manera fiduciaria para obtener créditos, o para favorecer a terceros que poseen menos garantías dominicales o personales, de ahí que sea preciso distinguir (como advertía la STS 14 de junio de 2005) cuando se negocia un título valor ocultando su carácter financiero, esto es, convenciendo a la entidad bancaria que la letra o el pagaré tiene un fundamento comercial real y será cumplido a su vencimiento por quien ya es deudor del descontatario. Como recuerdan las SSTS. 146/2005, de 7 de febrero o 900/2006, de 22 de septiembre) lo que no es permisible, por ilegal, es simular la validez de la letra en el tráfico de los negocios para encubrir una auténtica defraudación a favor de quien los libra y en perjuicio de quien hace el pago de ellas por vía de descuento u otro método similar. En estos casos estamos claramente ante un ilícito penal. No de otro modo se pronunciaba también la STS de 6 de septiembre de 1994, al precisar «no existiría ninguna clase de infracción penal cuando esas cambiales se utilizan con tal finalidad crediticia, pero no cuando a sabiendas y con evidente engaño, se emplean con afán puramente defraudatorio».

La posibilidad de que el engaño fraudulento surja con posterioridad a la celebración del contrato de descuento y durante su ejecución, se ha recogido por nuestra propia doctrina, que únicamente impone que el ardid o manipulación sea precedente al acto dispositivo o de pago. Ya en el Pleno de 28 de febrero de 2006, indicamos que «el contrato de descuento bancario no excluye la estafa si la ideación defraudatoria surge en momento posterior durante la ejecución del contrato», expresando en nuestra reciente sentencia 441/2020, de 10 de septiembre, que «en las estafas integradas a través de los denominados negocios jurídicos criminalizados, la decisión de no atender al pago de la prestación o servicios objeto del contrato, no precisa ser anterior a la celebración del contrato, sino que basta que fuere anterior al error que produce el desplazamiento patrimonial, distingo que encuentra su proyección criminológica en los contratos de tracto o prestaciones sucesivas o periódicas», como es el caso de autos. Y recordábamos entonces una constante jurisprudencia, de la que es muestra las SSTS núm. 499/2019, de 23 de octubre; 665/2018, de 18 de diciembre; 590/2018, de 26 de noviembre; 832/2014, del 12 de diciembre o 121/2013 de 25 de enero: «Ordinariamente, en el delito de estafa, el engaño es antecedente a la celebración del contrato, y el sujeto activo del delito conoce de antemano que no podrá cumplir con su prestación, y simulando lo contrario, origina un error en la contraparte, que cumple con su prestación, lo que produce el desplazamiento patrimonial que consuma el delito. La modalidad fraudulenta atribuida es la de los denominados «negocios jurídicos criminalizados», en los que el señuelo o superchería que utiliza el defraudador es el propio contrato, con apariencia de regularidad, a través del cual y previamente el estafador piensa aprovecharse económicamente del cumplimiento del otro y de su propio incumplimiento.

Para llegar a trazar la línea de separación de ambas conductas, se han manejado diversas teorías, como el elemento subyacente a referido dolo antecedente, frente a lo imprevisible de la frustración civil que produce un incumplimiento contractual; también se ha tomado en consideración la teoría de la tipicidad, en tanto que el segundo comportamiento se corresponde con la descripción típica que se aloja en el artículo 248 del Código Penal; y también podemos explicar la diferencia en lo que hemos de denominar la teoría de la viabilidad de la operación ofrecida a la parte que va a prestar el capital o la suma entregada al artífice del instrumento mediante el cual se construye su captación: si la viabilidad desde el principio es ilusoria por no hallarse construida bajo cimientos sólidos de manera que el dinero invertido no tiene el más mínimo soporte para poder ser devuelto, nos encontraremos con la comisión de un delito de estafa. En caso contrario, aun podríamos hallarnos en sede de un simple incumplimiento contractual. Pero bien mirado el antecedente en el delito de estafa no es propiamente el engaño inmediatamente anterior al contrato, sino previo al error que produce el desplazamiento patrimonial. Ello podría tener significación en los contratos de tracto único, con inmediata entrega de contraprestaciones recíprocas, pero de modo alguno en los contratos de tracto sucesivo, siempre que el engaño pueda ser puesto en escena en el transcurso de tal relación contractual, exigiendo a la parte contraria el cumplimiento de la suya, bajo cualquier ardid que constituya tal modalidad comisiva, integrante de engaño bastante»


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